Por vez primera este año, decidí poner unas líneas en la página y quise hacerlo cuando restan dos meses para dejar definitivamente RockAndBol Radio.
Estamos a mediados de octubre y los pasados cuatro años, en esta misma fecha no hubiera tenido ni un segundo de tiempo como para escribir esto. El décimo mes del año, desde 2002 hasta 2005 estaba dedicado a enviar las hojas de votación a todos los jurados, pidiendo que me hagan llegar sus resultados a tiempo. Había que verificar que los galardones se estén elaborando de la manera correcta y con la inscripción correspondiente. Ya tendría el listado definitivo de bandas y estaría disponiendo el orden. Estaría esperando que la imprenta me entregue a tiempo todo el material requerido (invitaciones, flyers, afiches, entradas) y tendría que estar pidiendo algún adelanto de auspicio para poder pagar el local, las luces y tal vez el sonido, que el año pasado amenazó con cortarme todo en medio show si no le cancelaba el total en ese momento. Además, los elementos visuales (rejillas, cortos para los premios especiales, transiciones, etc) estarían en plena elaboración y había que tener un ojo y un oído encima de todo. Por si fuera poco, estaría en marcha el delegar funciones a l@s vari@s amig@s que desinteresadamente me darían una mano en muchas cuestiones operativas; a tod@s ell@s, mi eterno agradecimiento.
Luego de la premiación del año pasado en el Círculo de Oficiales del Ejército, estaba casi convencido de eliminar definitivamente los premios y en algún momento de este año, existió la posibilidad de trasladar los mismos, al menos por esta versión, a Santa Cruz. El creciente movimiento en esa ciudad y el gran apoyo mediático y del publico (ya sea por interés, por curiosidad o simplemente por ser algo “social”) v.s. la muchas veces hipócrita actitud de los músicos paceños, su poca predisposición a colaborar (ojo, que no es aplicable a todos) y el poco apoyo del cada vez más apático público eran razones suficientes para cambiar de sede pero todo quedó en nada. Se fueron las ganas de hacer y crear, de luchar con auspicios y posteriormente con pagos. De preocuparse que el sonido llegue a tiempo; que me entreguen los galardones; que haya alguien en la puerta o que la gente salga satisfecha. Que todo suene bien, que todo se vea bien y finalmente que todo salga bien.
Se acabaron los Premios patopeters - como los llamaría en su blog el Grillo Villegas, ni bien acabada la ceremonia 2005 – (vale recordar que un año antes, producto de la felicidad de haber ganado 8 premios, colocó un sticker en su disco “Superjuguetes” haciendo alusión a lo cosechado) así como ya no están más los dimes y diretes y los amigos de tus amigos de los amigos de mis amigos (como lo dije una y otra vez; lamentablemente en este medio, somos pocos y nos conocemos mucho). Ya no hay malas caras, ni quejas – directas o indirectas – no hay motivos para hablar de roscas, de simpatías o antipatías.
En un aspecto más personal, ya no hay stress, ya no hay preocupación y ya no hay malos ratos. Pero tampoco queda la satisfacción de la labor cumplida, el buen sabor que deja un aplauso y el rostro radiante de los músicos y sus emocionadas palabras al recibir “su premio”.
Hoy siento alivio por todo lo que se acabó y nostalgia por todo lo que dejó de ser. Fueron cuatro años de premiación, unos mejores, otros peores, todos distintos.
A los que apoyaron y estuvieron ahí, gracias de verdad. A los que no creyeron en la premiación o trataron de lanzarse contra ella, igual les va un gracias, es parte de la movida.
No queda más que decir hoy, solo desconecto el cable y apago la música.
Pato Peters