may
30
Publicado por:
candiaman
martes, 30 de mayo de 2006
Hace poco más de un mes que el Pub Equinoccio, llevó adelante una actualización de sus instalaciones ubicadas en la Av. Sánchez Lima, durante este tiempo, nadie se ha pronunciado con criterios respecto a los resultados, un par de comentarios indulgentes (como es acostumbrado) y una total falta de profundidad, han sido lo máximo que se dijo sobre el tema.
Esta vez me permito hablar desde la posición que me otorga la formación en arquitectura que he recibido. El moverme entre la pasión y el oficio (música y arquitectura) me permite elaborar ciertas ideas analógicas, sobre el comportamiento de nuestra sociedad respecto a las influencias y movimientos foráneos. De todas estas construcciones mentales, deduzco que es característica de nuestra sociedad, quedarse en la forma y no pasar al fondo o contenido de las propuestas.
El caso del Equinoccio no se salva de esta pseudo máxima, los esfuerzos se han dedicado a presentar una imagen, unitaria, sobria y hasta sofisticada, lejos están, las épocas del Equinoccio de la calle Belisario Salinas con sus comics a manera de murales, imagen que se perdió en las tempranas sesiones sobre la Sánchez Lima a favor de los artistas del rock mundial como motivo temático y decorativo.
A medio camino entre un lounge esnobista y la oscura caverna musical que todos conocemos, se decide cubrir las paredes, tanto externas como internas con pintura negra, se limpia la fachada de cualquier rasgo que denote falta de prolijidad y se ofrece una cara muda que solo comunica la cartelera mediante un vistoso panel luminoso, hasta acá nada que objetar. Ya en el interior, existe una intención de crear atmósferas en base a aberturas de luz, que lejos de cumplir su objetivo, no pasan más allá del territorio de las buenas intenciones.
Se categoriza al público asistente en dos bandos, los que tengan acceso a mesa y los que deban ir a la tribuna, ya sea obligados o por elección propia. Tal vez es acá donde se pone complicada la situación, si bien la gradería constituye una genial y novedosa idea, tropieza con problemas como dimensiones y accesibilidad, de nuevo no vamos más allá de las buenas ideas quedando a medio camino de implementarlas.
Algún que otro detalle absurdo corona este sin sentido, estructuras metálicas colgadas del techo sobre el bar, pequeños spots que no alumbran nada, reflectores en la parte posterior del escenario, que lejos de alumbrar a la banda enceguecen al publico son unos cuantos detalles que no logran ver resolución.
Y como no podía ser de otra manera, la pervivencia de los problemas de siempre, falta de ventilación y acondicionamiento o reciclaje del aire, falta de resolución de las visuales, pilares por todo lado bloqueando ángulos sobre el escenario, alarmantes problemas de seguridad ante catástrofes, falta de camerinos o backstage, etc.
No pretendo con esto, descartar las buenas intenciones en cuanto a mejorar la imagen y la acogida de este, que es el escenario del rock paceño (mas por defecto que por excelencia) tampoco pretendo decirle a la gente como debe hacer su trabajo, lo único que me extraña es la falta de consecuencia con respecto a lo que implica una actualización o remodelación, como siempre nos quedamos en la forma sin sospechar el fondo, el Equinoccio constituye un testaferro de esta forma de proceder. El preuspuesto puede ser una limitante, pero nunca una excusa.